dimarts, 6 de juny de 2017

El presente

Había descubierto que aquéllo era un juego, que los momentos que compartían eran para jugar el uno con el otro, sólo entre ellos dos, con códigos que habían ido creando en sucesivos encuentros, para entenderse sin hablar, sólo con el lenguaje de sus cuerpos.

A ella este juego le había descubierto una parte de sí misma que hasta ahora se había negado a aceptar. Sintiéndose con total libertad para manifestar sus deseos y satisfacerlos, acompañada del goce de su compañero de juegos. El descaro, los movimientos desatados, y el descontrol sobre lo correcto o lo que se podía esperar de ella habían pasado a ser protagonistas.

Hasta hacía bien poco, la culpa, la idea de que aquello no era lo correcto, la frenaban. Sin embargo, poco a poco fue añadiendo ingredientes que provocaban  que los encuentros sucesivos y ahora casi casi rutinarios, no resultaran aburridos para ninguno de los dos. Como instrumentos, los cuerpos, la piel, una mirada, un roce, una caricia, un mordisco, la voz , y sobre todo, un profundo respeto entre ambos, fieles a la gran amistad que han conseguido consolidar.

Por fin, había podido dejarse sentir en su cuerpo aquellas sensaciones de las que hablaba Lavinia en su historia. Se sentía como ella describía en la novela, fluyendo en una atmósfera de unión , de conexión, que le permite sentirse a si misma sensual, femenina, inmensamente abierta a los sentidos.

En ocasiones, ella se pregunta hacia dónde la conduce todo ello, con miedo a que la magia se pierda, a que el deseo se apague, o no sea correspondido. Y , a la vez, la sabiduría de la edad, de experiencias anteriores le hace entender:  ésto es un regalo que la vida le ha puesto delante, justo en el momento en que estaba preparada para aprender y disfrutarlo. No tiene que llevarle a ningún lado, el regalo es el presente.

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