dissabte, 22 d’abril de 2017

Afuera

Y seguían ambos con el juego de quererse sin decírselo, a encontrarse sin ser vistos, a rozarse locamente hasta los éxtasis, por no conformarse y repetir.
Y el tiempo fluye, va pasando, como una serpiente, entre los dos, rozándoles, para hacerles ver que se les escurre, que les patina sobre la piel, que se les escapa de las manos.
Y afuera, los demás, observándoles, viéndoles bailar, reírse, mirarse, hablarse, rozarse, imaginándoles, retozando en la desnudez, cruzándose piernas y brazos, rozándose las caras, los labios, los ojos, los sexos.
De nuevo, las distancias se hicieron cada vez más cortas, desaparecieron , se buscaron y se encontraron. Y se fueron descubriendo los olores, los sabores, los suspiros, los alientos, las salivas, los fluidos.
Siempre con un tercero entre ella y él, el miedo a verse descubiertos, el miedo al amor, a la cercanía, a mostrar la ternura, siempre presente en sus encuentros.
Afuera saben. Mientras, ambos, se esconden.

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