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diumenge, 3 de juny de 2018

Permiso

Quizás nunca más volverían a verse, "la vida" ...diría él, "aaah...la vida!"...la misma que les había juntado, era la que les separaba, o quizás no.
Quizás era el no darse permiso de ella lo que la frenaba, como le había frenado años atrás, cuando en el camino se le puso delante uno de sus sueños, viajar por el mundo, y lo dejó escapar, aquel día, en el portal de su casa, la primera noche del nuevo año, mientras su futuro la estaba esperando en el piso de arriba, para quedarse junto a ella veintidós años....
Y ahora, sin quererlo, su amiga, la misma que le hizo ver que no se daba permiso para dar el paso años atrás, le hizo pensar que la vida se repetía, que el momento era el mismo, y que residía en ella el permiso, que no tenía que pedírselo a nadie, que era libre ante la vida, aunque el miedo la atrapara...
Y recordó que el miedo puede esconder un deseo...


Un día cualquiera....

Entras en mi despacho, rota, hecha trozos, te miro a los ojos, no hacen falta palabras, te leo, puedo ver en ti la desesperación de no saber para dónde tirar, tu desorientación, tu miedo a quedarte sola, a la vez que tu miedo a mirar atrás y volver al lugar del que ya has decidido salir.
Pasas a sentarte, lo primero, un vaso de agua, lo segundo, respiramos, nos miramos y te pregunto, por dónde quieres empezar, qué te ha traído hasta aquí, qué me quieres decir, qué necesitas...
Y empiezas a soltar palabras, frases, inconexas todas ellas, llenas de miedo, de desesperación, de desorientación, por no saber si lo que has vivido y me cuentas es producto de tu imaginación o si es terriblemente cierto. 
Y respiramos, entre sorbos de agua, llantos y bloqueos, para empezar a construir un relato con sentido que nos permita entender qué ha pasado...o que permita poner cierto orden a los recuerdos, las sensaciones y las emociones...
Y seguimos, no es una entrevista al uso, no hay una mesa enmedio, no hay ordenador, no hay papeles, sólo palabras, y, si te hace falta, una caja de pañuelos, una mano que estrechar , un hombro sobre el que llorar...
Afortunadamente, no sabes cómo,  sales a respirar, y te das cuenta de que hay aire, que has llegado a la superficie aunque vuelvas a hundirte por falta de fuerzas, pero que una vez sabes que fuera hay aire, puedes volver para tomar una bocanada , para poder hacer frente a lo que queda en el fondo...
Y poco a poco, vamos trazando entre las dos un plan, indefinido en el tiempo , pero con un sentido: recomponer las piezas rotas con las que has llegado, primero unas, luego otras, con dificultad, y a la vez, con la seguridad de que eres capaz de volver a estar entera, porque la parte más difícil ya la has pasado, la de llegar hasta un lugar desconocido para ti en el que te encontrarás también a alguien desconocido a quien le habrás contado tus desesperaciones y miedos. Entonces, habrás saltado la valla más alta, la que te separa de tu yo ciego, incapacitado, para dejar atrás esa víctima que tanto te atrapaba , tomar las riendas de tu vida con la satisfacción de que has sido capaz, de que ya sólo depende de tu decisión. 
El camino, te aviso, será duro, muy duro, recomponerse supone mucho esfuerzo, y también, mucha satisfacción, orgullo, admiración por una misma, tenlo presente, es la mejor recompensa.