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dijous, 6 de juny de 2019

Ternura.

Cuántas veces, 
saboreo un poema, 
disfruto un libro, 
una puesta de sol, 
el mar meciéndose en la playa, 
y me permito que me conmueva,
sin protección, sin miedo.
Cuántas veces pongo freno
a que sea alguien quien me conmueva
sabiendo que desaprovecho 
el goce que produce
que su alma me roce
tan siquiera un instante,
suavemente, 
deslizándose inquietante, 
silenciosa, invisible,
cogiéndome desprevenida, 
sin protección y sin remedio.