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dijous, 15 d’agost de 2019

Construyendo un Proyecto con Marruecos.

Hay lecturas que te trasladan a mundos imaginarios, que te trasladan a otras realidades lejanas, desconocidas, que te invitan a un viaje, a conocer otros mundos, otras maneras de vivir. Un viaje tiene razón de ser si es para conocer un pais, una región a través de los ojos de las personas que en ellos habitan. Y, aunque he viajado a lugares en los que no conocía a nadie que me los pudiera enseñar, he tratado siempre de contactar con alguien en el lugar que me pudiera ofrecer una visión más cercana y más verdadera que la que me puede ofrecer una guía de turismo.

En este caso , me referiré al libro "A la mujer y a la mula, vara dura. Las olvidadas del Marruecos profundo", de Hicham Houdaifa. Lo conocí a través del blog de Alberto Mrteh El zoco del escriba y despertó  en mi la curiosidad y la necesidad de irme otra vez a Marruecos, pero en esta ocasión , en busca de personas que me acercasen a lo que no puedo ver cuando viajo como turista, que es la vida en lo privado, la vida en las casas, en el Marruecos que no se ve, en el Marruecos de sus mujeres, sobre todo.

Aunque por su dureza, me había quedado a medias en plena lectura del capítulo "Las mujeres prestadas de Kaalat Sraghna", finalmente fui capaz de terminarlo. Me propuse hablar con el periodista que lo escribió y, a través de él contactar con alguna asociación que trabajara con mujeres víctimas de violencia de género en Marruecos. No sabía si soportaría más testimonios de maltrato, de préstamo, de subordinación, de abuso sexual, de no tener valor para nadie, por su dureza.  Los testimonios, relatados por mujeres jóvenes y mayores, rurales, vulnerables por ser pobres además de ser mujer, heridas por la vida de manera irreversible en muchos casos, dañadas en cuerpo y alma, son trasladados por Hischam Houdaifa a testimonios escritos, para que lleguen al público, para que salgan a la luz.

Decidí, al terminarlo, sacar un billete sin meditarlo demasiado, para esta vez, darle un sentido formativo a mi viaje: quería conocer de primera mano, sin saber cómo ni con quién, sólo a través de algunos contactos facilitados por amistades de Marruecos, el trabajo con mujeres víctimas de violencia de género y también en programas de educación y promoción económica para mujeres.

Me puse en marcha, miré precios de pasajes de avión, escogí las fechas más convenientes y económicas para mí y empecé a mandar correos electrónicos, búsquedas en las redes sociales, mensajes de messenger y whatsapps a mis contactos en el país, o a personas relacionadas con lo que yo buscaba.

El trabajo me llevó unos meses, correos sin respuesta, algunas peticiones de colaboración, concertar entrevistas, elaboración de un documento en el que explicara mi trabajo y el objetivo de mi viaje: empaparme de normativa, de resolución de casos individuales, y de contextualización de las situaciones con las que me encuentro en el día a día de la intervención con víctimas de violencia machista.

Antes de irme, con mi compañera de locura tratamos de diseñar un documento, que después de muchos devaneos, nos dimos cuenta que ya habíamos redactado en un arranque anterior al que no le dimos aire y se fue apagando poco a poco. En esta ocasión, aprovechamos el empuje del momento, y el apoyo que desde la distancia, algunas escritoras asistentes al EIDE del mes de Octubre en Tetuán , nos han dado para dar visibilidad a un trabajo que a sus ojos es maravilloso, ante nuestra sorpresa, y también, nuestro agrado. El trabajo con mujer inmigrante es algo que hemos ido construyendo y pensamos que ahora necesita algo más, que así como empezamos sin saber, ahora podemos empezar a compartirlo y a mejorarlo. Sin el contacto con Marruecos y las asociaciones que allí intervienen, no es posible. Tenemos que romper barreras y desplazarnos.

Afortunadamente, tengo amistades en Marruecos que me abrieron las puertas de sus casas, se interesaron por mi trabajo, me permitieron llegar donde de otra manera no sé si hubiese podido llegar, porque , según pude averiguar más tarde, en Marruecos, algunas asociaciones están cansadas de recibir salvadores y salvadoras que , aun con la mejor voluntad del mundo, quieren ayudar " a la europea", cuando profesionales del país ya saben bien qué tienen que hacer, y cómo, aunque a veces lo que les falla es la financiación. Por este motivo, no es tan fácil conocer el mundo de las asociaciones "in situ".

Pasé diez días entre Rabat, Casablanca, Tánger y Tetuán, entrevistándome con personas que me han acercado a la realidad de Marruecos, un país en pleno auge con una importante inversión en infraestructuras, un país que acoge a personas migrantes de toda Africa, un país que está cambiando a velocidad lenta en algunos aspectos como educación y respeto por los Derechos Humanos y rapidísima en cuestión de innovación y comunicación.

Iré relatando lo visto y lo vivido, las sucesivas visitas a Marruecos y las personas y proyectos contactados. Ha sido, y está siendo para mí, algo mucho más instructivo que un máster, que, sin quererlo, me ha cambiado la manera de intervenir, de entrevistar, de abordar el día a día en mi trabajo y que quiero trasladar por si puede servir de experiencia a otras profesionales de la relación de ayuda.
Marruecos es un país mágico ante los ojos del turista, pero que esconde muchas contradicciones y sufrimientos no siempre  captadas a simple vista. Y, no tan lejos de realidades recientes vividas en nuestro pais.

Seguiré escribiendo sobre el proyecto compartiendo puntos de vista y sorpresas que me ha deparado cada una de las visitas a Marruecos.






divendres, 9 d’agost de 2019

El momento del baño.

No hay imágenes de aquellos instantes, excepto las que nos quedaron grabadas en la memoria, de manera nítida, acompañadas por la emoción que se siente al ser consciente de estar en el lugar oportuno en el momento oportuno y sin haberlo planificado. En un mundo de teléfonos y cámaras digitales, de cada vez más, perdemos el goce de la espontaneidad, de la percepción con todos los sentidos, del disfrute inocente del aquí y ahora, cuando ante nuestros ojos se presentan situaciones insólitas en nuestros mundos.
La que voy a describir, es una imagen cotidiana, en la vida de ellos, algo habitual, natural, algo a lo que tal vez no dan importancia, ni saben la gran belleza que generan en apenas media hora de estar reunidos entorno al agua del pozo.
Ellos, los pastores nómadas del desierto, se acercan antes de la puesta de sol al pozo que queda en medio de la hammada, de la vasta extensión reseca y pedregosa del desierto de M'hamid El Ghizlane, para dar de beber a su ganado, y para lavarse antes de llegar al poblado.
Son las seis de la tarde, el sol está ya cayendo, es el mes de marzo, y el calor en esta parte marroquí  del desierto del Sahara, da una tregua al atardecer. Es hora de acercarse al cuello del pozo, alrededor del cual se suceden llamativas imágenes, que no por su cotidianeidad dejan de ser un reflejo de la sencillez de la belleza.
Es todo un ritual, la primera parte del cual comprende extraer agua con un cubo hecho de neumáticos viejos,  para llenar sus depósitos, acarreados por los dromedarios que hombres y niños pastorean. Son garrafas reutilizadas de plástico, que atan a los lados de la joroba del animal, envases de colores diversos, amarillos, blancos, azules, rojos, ámbar, negros, que deben guardar como tesoros, porque con ellas llevan el líquido preciado al poblado de haimas, establecido en medio de la hammada, a unos quilómetros del pozo. La segunda parte del ritual es dar de beber a los animales, llenando los abrevaderos construidos junto al hoyo, con cemento o adobe precario. Son unas pequeñas construcciones alargadas, de apenas medio metro de alto y un metro de largo, por dos palmos de ancho, que con unos cuantos cubos de agua, quedan llenos para dar de beber al rebaño. Los dromedarios tienen la gran fortaleza de aguantar horas sin beber, sin embargo, es un espectáculo ver cómo sorben el agua que se les pone al alcance. Esta parte del ritual es muy importante, de hecho, nos comenta nuestro amigo Ismail, que es una norma del desierto llenar estos abrevaderos cuando alguien pasa cerca de ellos, para dar de beber a los animales, sean ganado o no: zorros, gatos, dromedarios, beben de esta agua, nos cuenta este amigo.
Y ahora, llega la parte más interesante del ritual, desde el punto de vista humano, que es el momento en que los hombres se sacan el turbante y la túnica, para lavarse por partes, el cabello, la cara, las manos, los brazos, las piernas,  los pies. Se ayudan entre ellos, como aguadores, dejando caer el agua lentamente sobre las cabezas, para aclarar el jabón que cuidadosamente aprovechan unos y otros. Todo es escaso en el desierto, todo debe ser transportado a pie por los nómadas, aunque lo porteen los animales, por lo que no cabe el derroche, todo se aprovecha, todo se cuida, todo se considera un bien precioso. El agua es un tesoro y así lo demuestra el uso que hacen de ella estos hombres, con un arte y una destreza que hacen del momento del aseo un auténtico espectáculo del que no me he podido olvidar y que me gustaría volver a contemplar.
Y así me quedo, disfrutando de este espectáculo cotidiano, mientras ellos actúan totalmente ajenos a mi mirada, sin saber que despiertan en mi una profunda admiración, a la vez que veo la ternura en sus gestos de apoyo, también presentes entre hombres, unidos por la dureza y la adversidad del medio.
Un privilegio que no me atreví a fotografiar por la intimidad que afloraba en cada gesto.