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dissabte, 8 de febrer de 2020

Construyendo un proyecto con Marruecos III. Curioseando en Rabat.

Después de la visita al Museo de Arte Contemporáneo Mohamed VI, me voy hacia el centro, a cinco minutos, para encontrarme con un escritor español que vive en Kenitra,  y que hoy me ha propuesto que comamos juntos antes de irnos a una charla-coloquio en un local cultural de la capital. Me espera en la Cafetería Renaissance, en pleno centro de Rabat, encima de los cines , en una primera planta a la que subo andando, y en la que inmediatamente me siento como en una película de los años 50.
Se sube por unas escaleras dobles, a un local de ambiente europeo , colonial , decadente y encantador. Y allí está Alberto Mrteh, sentado en una mesa pequeña, dando la espalda a una enorme ventana acristalada, provocando un efecto de contraluz, que me deslumbra y me impide verle , hasta que estoy casi encima de su mesa. El está escribiendo unas notas, me dice que está traduciendo un libro, y que tiene muchos frentes abiertos, que por éso ha venido antes para aprovechar el hueco para trabajar en el libro entre el horario del tren y la hora de nuestra cita.


No nos vamos a quedar, me cuenta que tiene previsto que vayamos a comer cerca de donde va a tener lugar el coloquio. Como yo no conozco la ciudad, me dejo asesorar y le sigo, no sin antes echar un vistazo a la Cafetería , sobre la que veo un escenario montado para tocar un grupo de música. Me comenta Alberto que es un lugar especial en el que se organizan conciertos y que es muy agradable el ambiente que se crea. Un lugar para tener en cuenta si regreso, mirando calendarios y posibilidades, muy interesante.



Vamos a comer a un restaurante muy típico, decorado como si se tratara de una jaima, encantador lugar y una atención inmejorable, un tagine de carne con ciruelas de ésos que no se olvidan y una ensalada que no podemos terminarnos. Yo, como con las manos, ya no puedo hacerlo con cubiertos en Marruecos, imposible, como con la mano derecha, que es como me sabe mejor todo, y dejo el plato y los cubiertos a parte para que se los lleven.
Sin reposar la comida, nos fuimos a la sede de una asociación Tilila,  en la que se ponía en marcha un club de lectura justo con el libro que hace poco tiempo había leído de Fátima Mernissi: "El Profeta y las mujeres. El Harén Político". El coloquio fue complicado para mí, recogí un 10% de lo que allí se debatió durante dos horas entre personas de diferentes edades y posiciones sociales, interesantísima experiencia , pensaba, inmersa sin saber muy bien cómo, en el mundo asociativo algo "background" de Marruecos.  Allí pude hacer algunos contactos sobre lo que yo buscaba, tarde fructífera  y llena de recuerdos ahora que lo estoy escribiendo, desde la lluvia del día, la búsqueda del lugar y la sorpresa al ver carteles de la CNT en las paredes de este local social gestionado, según pude imaginar, por un grupo de jóvenes muy alternativos, que en Mallorca, pocas personas tienen en el imaginario acerca de la juventud marroquí.
Me quedo de aquel lugar  con la foto de grupo, para poder transmitir la idea de lo que fue esta sesión, y , todo ello, casi sin entender lo que se habló, que fue mucho, muy intenso, y, sobre todo, con un perfecto respeto por entender y explicar, respetando turnos de palabra, la escucha y la profundidad de la lectura. Me sorprendió el análisis que son capaces de hacer jóvenes de unos 20 años sobre el Corán y de diferenciar lo que es Islam como religión .  Yo no conozco algo similar respecto al análisis de la Biblia Católica fuera de los entornos religiosos.
Como colofón, no puedo dejar de mencionar la entrañable presencia de  una espontánea que daría para un relato entero por su manera de entrar y de intervenir. Entró a la hora de haber iniciado el debate, disculpándose mientras atravesaba el círculo formado por las personas asistentes, interrumpiendo lo que en aquel momento se estaba debatiendo, para, en serio pero cómicamente, pedir un resumen de lo hablado hasta el momento. Era una mujer de unos sesenta años, vestida con ropa de joven estudiante universitaria estilo generación del '68, con un turbante amarillo a conjunto con su jersey del mismo color. Un personaje de lo más curioso, que fue la única en interrumpir y no respetar el turno de palabra, andándose por las ramas, como si hubiese venido a dar su charla, aprovechando un local en el que sabía que tendría audiencia. Al finalizar, haciendo gala de la insaciable curiosidad marroquí, se acercó a mi, en francés, lengua que puedo comprender si me hablan despacio, disparando a bocajarro una conversación que empezó por el color de mi jersey y mi pañuelo, y continuó sin saber hacia qué tema porque no pude entender nada más, sin poder recordarle que me tenía que hablar despacio. Yo la miraba con cara de "no entiendo nada" pero pareció no importarle y ella siguió su relato, que es en realidad lo que había venido a hacer: hablar de lo suyo. Afortunadamente, Alberto tuvo la ocurrencia de rescatarme para ir a echar un vistazo a la biblioteca de la asociación en la que puedes donar o comprar también , libros políticos, sobre todo. Me acerqué con curiosidad, a ver la estantería de la sección dedicada a Feminismos, con , por supuesto, varios libros de Fátima Mernissi y otras activistas árabes. Y allí me topé con uno de los asistentes a la charla, un psiquiatra que había conocido a Fátima Mernisi y que se interesó por mi trabajo con mujeres marroquíes en Mallorca. Él estaba tratando de ultimar la presentación de la Asociación Fatima Mernisi, una entidad que trata de visibilizar y trabajar para el empoderamiento de mujeres en zonas recónditas de Marruecos, en este caso, en el Atlas. Nos pasamos direcciones y quedamos en que nos mantendríamos en contacto. Interesante hallazgo, pensé yo, voy avanzando en mis propósitos de conocer asociaciones que intervengan con mujeres en zonas deprimidas. Aunque puede parecer que en la era de Internet todo está a nuestro alcance, me voy dando cuenta que aquí, como en Mallorca, de lo que se trata es de ir haciendo contactos, darte a conocer, explicar tus propósistos de aprender sobre el lugar, e, inmediatamente, se te van abriendo las puertas con más facilidad. Poco a poco, voy tejiendo una red que me va ayudando a configurarme una idea de lo que es el tejido asociativo en Marruecos.

Tras este intercambio de datos con este profesional, nos damos cuenta de que somos prácticamente los últimos en salir del local, los jóvenes que lo gestionan han recogido todo y están en la puerta para salir. Somos los últimos, hemos conseguido ser más curiosos que los propios marroquies. Al despedirme, les pregunto si van a colgar las fotos en su página de Facebook. Me interesa compartir la experiencia, como decía , porque no está en el imaginario mallorquín que existan grupos alternativos en Marruecos.

Continuando con mis andanzas, fuimos Alberto y yo, caminando refugiándonos de la lluvia de regreso al centro de la ciudad, sorteando lagunas formadas por el aguacero, en las avenidas de Rabat, en busca del "cuartel general" en el que se reúnen habitualmente mi amigo Hassane y su comité asociativo.
Llueve en Rabat. Es enero, hace frío. Y mi amigo Hassane nos espera en la terraza de su café del centro de la ciudad.