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dissabte, 10 d’octubre de 2020

Causalidades casuales.

    

Puerto de Tánger
                

    Por fin, aquella tarde de octubre llegué a Tánger. No había preparado demasiado el viaje, como otras veces, que me movía a golpe de cita programada. Esta vez, algo me decía que iba perdiéndome cosas con tanta programación. Y, me dejé llevar. El barco atracó en Tanger Ville, a la una de la tarde, procedente de Tarifa. Una delicia de viaje. El barco es la mejor manera de llegar a Marruecos, pasar de un continente a otro, alejándote de Tarifa, divisando la costa de Tánger enfrente, como si la pudieses tocar. Y aquél dia de otoño, la luz era fabulosa. La luz del sol cuando se refleja en el mar, sin sombras, todo claridad, a mediodía. No se me olvida, no paraba de mirar por la ventana, se me hacía larga la hora de trayecto, deseaba poner los pies en Marruecos, pisar tierra y decir: ya estoy en casa otra vez. 

                                                       
    Y allí me esperaba Sofía, para llevarme junto con Mezuar, a comer un cuscús, en viernes. Qué más podía pedir. Y recibo un mensaje nada más conectarme al Wifi: el hijo de Zohra, mallorquín marroquí, me dice que no busque alojamiento, que me quedo en su casa. "Fabuloso", pensé, "no hay como venir a Marruecos sin planes concretos" . Había pensado ir a una pensión, pero eso me suponía hacer y deshacer equipaje cada día. Así que decidí quedarme en su casa, como campamento base para ir moviéndome por el norte del pais, según los planes que me fueran saliendo. 
 
    Después de comer, mis amigos tenían compromisos, por lo que me acomodé en la casa de mi amigo en pleno centro de Tánger, para descansar un poco antes de ponerme en marcha de nuevo. No podía creerme lo que estaba viendo. Parecía que había entrado en el escenario de una película, en la que el decorado de la casa me trasladaba a los años 50, al Tánger internacional. Impresionante. Y, nada más traspasar el umbral de la puerta, el cartel de la película "La vida perra de Juanita Narboni", un libro que me descubrió Alberto Mrteh, con quien había quedado en un rato, y que tenía intención de leer. Curioseé en la estantería de libros mientras trataba de conectarme al wifi de la casa. El libro de Angel Vázquez me saludaba. Mi amigo marroquí mallorquín me vio y me dijo: "he intentado leerlo, no me ha enganchado"... . Lo ojeé con interés, y con ganas de devorarlo, pensé en leerlo en la noche,  así que lo dejé para más tarde. Llamé a mis hijos en Mallorca nada más tener conexión, pero no pudimos hablar. Les quería contar que estaba bien , que había llegado a Marruecos y que me quedaba en ese magnífico escenario de película, como una reina. Pero ya se lo contaría más tarde. Tenía que ir a la presentación de la revista Sures a la Galería Kent, y  el tiempo era ya justo  para ducharme, salir a comprar una tarjeta de teléfono para estar comunicada con mis contactos en Marruecos, y llegar a la Galería, que no tenía del todo ubicada en el mapa. 
Tánger, entrada al Zoco
     
    Me había dicho Alberto que quizás llegaría, pero un poco más tarde, pues salía en tren desde Rabat. Encontré la Galería Kent, no conocía a nadie, me apunté en la lista de distribución y ojeé la revista /libro de relatos, sobre el desierto. "La camella y rosa"... compré dos, uno para traer hacia Mallorca, y otro para mi amiga Sofía, con quien tenía cita al día siguiente. Me senté entre desconocidos, muchos de  ellos, españoles residentes en Marruecos, otros en tránsito, otros marroquíes, franceses...no conocía a nadie, me entretenía imaginando sus vidas, mientras Santiago de Luca iba explicando el proceso de creación de este número, y algunos de los  participantes iban leyendo sus propios relatos. Al terminar, Alberto, que había llegado un poco antes, me presentó a algunas de las personas asistentes. Me dice: "a tu lado, estaban sentados dos amigos que han hecho un documental, sobre la vida del escritor del libro de Juanita Narboni, espera te los presento". 
     
    Y nos presenta: Pablo Macías y Soledad Villalba. Estaban en fase de promoción del documental "La vida perra" . Y empezamos a hablar, porque el tema no me era desconocido. Mi amigo, en Mallorca, estaba en promoción también de su documental, les conté, y allí empezó la concatenación de casualidades. Pablo había estado hablando con una productora de Mallorca en la misma tarde. Impresionante. A todo esto, ante la sorpresa por la coincidencia, les conté que al llegar a la casa en la que me alojaba en Tánger, lo primero que me había llamado la atención era el cartel de la película. Y que tenía pendiente el libro. Y que ... en fin, que estaba encantada de llegar a Tánger y encontrarme con todo esto. 
     
    Entre emoción y emoción, Alberto dijo que se iba a reservar una habitación en una pensión, y nos acercamos hasta una de las más cercanas, en las calles que bajan desde la Avenida hasta el puerto. Me interesaba saber dónde podía encontrar una pensión por allí por si el escenario de película resultaba ser un farol, y tenía que salir por piernas de allí. 
    
     La noche continuó, en un lugar de la zona, con cena incluida a la que no me quedé, pero no sin antes ponernos al día Alberto y yo, saboreando una Casablanca, en aquel local de cenas, concierto y copas tan distinto de lo que yo imaginaba las primeras veces que llegué a Marruecos. 
       
     esta historia, que la tenía en el cuaderno, ha salido aquí por la proyección en abierto del documental "La vida perra" que compartió Maribel Méndez, en la página del Instituto Cervantes de Fez. Una delicia, un descubrimiento en todos los sentidos, y unas ganas tremendas de volver a pisar Tánger.
     
    Creo que echo mucho de menos Marruecos, ahora que se cumple un año desde el último viaje.

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