Entrar en aquel lugar sólo reservado a las mujeres del pueblo era para mí como entrar en un espacio sagrado. Era, de algún modo, entrar en un universo desconocido, donde no tenía más puntos de referencia que lo que mi amiga Halima me había contado, donde me debía mostrar desnuda ante sus ojos, ante los de las mujeres de este lugar fronterizo con el desierto, sin saber cómo sería el protocolo, con miedo a hacer algo indebido, con respeto hacia lo establecido y con una casi infantil curiosidad como extranjera, pero sobre todo, como mujer. En realidad, no era la desnudez del cuerpo la que me asustaba, sino la del alma, porque siempre he sentido que ellas ven el alma de los demás a través de sus miradas.
En Mallorca, antes de partir a Marruecos, mi querida amiga me explicó bien de los pasos a seguir: debía llevar ropa interior de recambio, una toalla para secarme, una alfombrilla para el suelo que podía adquirir en cualquier tiendita del pueblo , jabón negro para untarme el cuerpo, y un guante para sacar todas las impurezas de la piel que también vendían en el mismo hammam. Podía, también, si quería, solicitar que una mujer me masajeara con el guante, pero mi amiga, sabia ella, me recomendó que me dejara llevar y mimar por alguna de las que compartieran el baño conmigo. A cambio, después yo le devolvería el masaje a ella.
Entré sin pestañear, para no perderme detalle, para estar atenta a todos los movimientos que allí se producían, tratando de disimular mi inseguridad, imposible de esconder ante mujeres tan avezadas y tan acostumbradas a mirar lo que pasa a su alrededor, a sentirse y acompañarse en aquel espacio.
Dentro, en la primera sala, una mujer atendía a las que entrábamos. Ella iba sin melfa por el calor de la sala, vestía camiseta de tirantes y pantalones. Mostraba con orgullo su escote exuberante, su piel aceituna, luminosa, de aspecto suave, su cabello rizado recogido en una trenza , que terminaba gruesa y negra, a la altura de unas caderas prominentes, continuidad de una cintura estrecha , lo que le daba un aspecto de mujer fuerte y joven. Ella, casi sin mirarme, me pidió con la mano mis pertenencias. Observé que las mujeres se quedaban con la parte inferior de la ropa interior, e hice lo mismo, trataba de ser lo más correcta posible, no quería que me tuvieran que llamar la atención. Le entregué mi bolsa con la ropa que me había quitado rápidamente ante ella, y a cambio, ella me dio dos cubos de plástico, con un recipiente más pequeño y me indicó, sin inmutarse ni preocuparse por mi inseguridad palpable, la entrada a la sala caliente.
De repente, me encontré sola ante varios grupos de mujeres que acudían con sus hijos e hijas a compartir aquéllos mágicos instantes: los más pequeños, pegados a sus madres, más allá, en un rincón , las adolescentes, que debían ser vecinas, hermanas, primas e incluso tías unas de las otras.
Comprendí enseguida que aquel momento semanal era, para ellas , un paraíso para los sentidos, donde las emociones y las confidencias femeninas fluían como el agua, un espacio en el que ellos, los hombres, no entraban, y en el que las mujeres, por el hecho de serlo, mostraban una complicidad y una alegría inusual para mí.
Ahora yo podía contemplar lo que ocultaban las melfas, estaba fascinada con lo que tenía ante mis ojos. Sin duda, la belleza que se esconde debajo de estos hermosos pedazos de tela de todos los colores y estampados no cumple con los patrones occidentales, se trata de algo difícil de explicar. Se acerca más a los cánones de belleza que muestran algunas figuras que representan a las diosas de la fertilidad. Las mujeres que allí había tenían rasgos de negra, con piel aceitunada, mestiza, tersa y brillante, ojos oscuros que te atraviesan ferozmente al primer contacto, unas sonrisas contagiosas enmarcadas en labios gruesos y colorados que contrastan seductoras con unos dientes grandes y luminosos, cabellos oscuros, salvajemente rizados, que se desatan nada más entrar en el hammam para lavarlos, peinarlos y untarlos de henna o de aceite, según la ocasión, la edad o la coquetería, que se desparraman sobre sus cuerpos voluptuosos junto con el agua que van echándose unas sobre otras, entre risas, entre suspiros por el calor del lugar.
El espectáculo superó mis expectativas de una manera sobrecogedora. Me brotaban las lágrimas por haber entrado allí, por estar entre ellas, por haber tenido tan buena consejera, mi amiga Halima, que me animó a dejarme llevar y que traté de cumplir escrupulosamente. Porque, de repente, sin saber cómo, sentí que una mano me tocaba el hombro, y empezaba a masajearme enérgicamente, con el guante, los brazos, la espalda, los glúteos, las piernas, la entrepierna, los pechos, los pies... sin que mediara palabra entre nosotras, sólo una sonrisa y una inmensa ternura, que sólo son capaces de dar las mujeres fuertes, las mujeres que saben cuidarse entre ellas, con esa fuerza femenina que no es exclusiva del sexo femenino , porque he visto la ternura también en los hombres. De hecho, me preguntaba si entre ellos, también se daban estas escenas,... será algo que sólo me podrá contar algún amigo que haya entrado en el hammam de los hombres, aunque quizás ellos estén pendientes de otros detalles.
Lo que más se acercaba a lo que en aquellas salas vaporosas, calientes y perfumadas estaba compartiendo era un taller de sensualidad en el que había participado meses antes en mi ciudad, en Mallorca, y , que, después de esta experiencia, me sabría a poco, me resultaría artificial y fuera de contexto. Aquel ambiente solo es posible en aquel lugar, donde el agua es un
regalo, donde el espacio para embellecerse es una fiesta, donde el
cuerpo es goce para los sentidos, donde todas somos cómplices por haber
nacido mujer.
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dilluns, 5 de novembre del 2018
dilluns, 22 d’octubre del 2018
Soñar ....
Si una cosa en común tenían aquellas dos situaciones, era que estaban protagonizadas por el deseo, el deseo de los hombres, de algunos hombres, de conquistar a una mujer extranjera, por el mero hecho de serlo, por el deseo de satisfacer una curiosidad, o , también , para buscar una salida a la situación de incertidumbre, inseguridad y tedio de los lugares de origen.
Hace casi treinta años, yo lo atribuía a mi juventud. Treinta años después, lo entendí. La necesidad de algunos por mostrar un trofeo, una conquista exótica, extranjera, desconocida, interesante en un primer momento, tal vez desilusionante al final... o no... O la necesidad de ir en busca de El Dorado, utilizando los medios y oportunidades del momento.
Sucedería a ambos lados del Atlántico. La primera vez, a mis veinticuatro años, transcurrió en aquella ciudad casi caribeña por su carácter, aunque andina por su ubicación. La ciudad de Cali. En aquella ocasión, me sentí desconcertada, sorprendida por el descaro de algunos, que nada más entablar conversación en la parada del bus, o durante el trayecto, se ofrecían casi de manera idéntica, como si de repetir una fórmula se tratara, para, bajo la excusa de enseñarme la ciudad, para salir de noche a bailar y .... después, conocernos mejor.
La diferencia años después en el lado oriental del Atlántico, en lugar de resultarme pesada, me ha llegado a parecer cómica, me despertaba la curiosidad, intriga por saber qué había detrás, dónde estaban los límites, los míos, y los de los distintos hombres que iban apareciendo como con cuentagotas, en los mensajes del chat.
De entrada, no descartaba ninguna conversación, era consciente de que había un cierto riesgo, de meterme en caminos no familiares para mí, pero a la vez, esa falta de conocimiento, de hasta dónde se podía llegar, me resultaba atrayente.
El cortejo, pensaba, utiliza la misma fórmula, a través de los años ha cambiado poco, quizás las formas, si bien, los contenidos y los objetivos, resultaban ser idénticos. Se trataba, sencillamente, de conseguir, por parte de ellos, un trofeo, un logro, del que vanagloriarse y con quien podían divertirse sin compromiso....o ...como después pudo ver, un puente para acceder a Europa.
Se podían comparar perfectamente las formas, y su evolución según el paso del tiempo, desde una tarjeta de presentación elaborada con logos simples en colores, en las primeras situaciones, hasta los perfiles trucados, edulcorados y poco realistas de la actual etapa, en la que cada uno trataba de vender lo mejor de sí mismo a pesar de que resulte inverosímil y hasta cómico.
En las tarjetas de presentación podías leer, desde "Director ejecutivo de ventas" (que vendía a ser un comercial) hasta Licenciado en Ingeniería civil con Maestría en obras de caminos, canales y puertos de la Universidad Javeriana de Bogotá, en la Empresa Nacional de obra civil del Departamento de Santander. Era tan enrevesado el título que alguno se había otorgado, que al final de la frase tenías que volver atrás para recordar su nombre de pila si es que realmente te interesaba. Porque, la verdad, después de tanto adorno, una prefería volver a la realidad y quedar a tomar unas cervezas en la taberna del barrio con los vecinos que había empezado a conocer subiendo o bajando las escaleras del edificio de apartamentos en el que vivía desde su reciente llegada a la ciudad. La conversación fluía con más facilidad que después de presentaciones tan forzadas.
Después de tomar aire para saber cómo se llamaba el tipo en cuestión, al acabar de leer la tarjeta, venía la fórmula, que consistía en una serie de preguntas generales para después ir a lo concreto:
Usted de dónde es?, Y cuánto tiempo lleva acá? y ya se amañó? y conoce la ciudad? y ya salió a rumbear? Ah, que no salió? ah, pues encantado, yo le enseño la ciudad y buenos sitios para bailar, y sí, cuando quiera, aquí tiene mi tarjeta y a la orden, salimos a pasear y luego cenamos y vamos a bailar....
Buena fórmula, sí,.... si no hubiese sido tan repetitiva y poco original.
Como poco original resultaba ser lo que sucedía ahora en las redes sociales, en los grupos de viajeros y viajeras mixtos. Seguramente, sabrán de qué les hablo.
Lo cómico de la situación es ya la manera previsible en que todo va a ir sucediendo: un comentario en un grupo de la red, de viajeros y viajeras, ya desencadena automáticamente una lluvia de solicitudes de amistad, de Mohamed, de Said, de Brahim, de Abdel. En este caso, se repetía la fórmula utilizada hace casi treinta años, aunque cambian las formas, y el contenido, difiere sensiblemente:
Hola, qué tal? Como estás?
Hola, bien, gracias.
Me alegro.De dónde eres? o Dónde vives?
En Mallorca.
Conoces Marruecos?
Si, he estado en varias ocasiones.
Y has venido sola o con familia?
Con amigas.
Ah, y estás casada?
No (ya empezamos)
Y, tienes novio?
No , tampoco. ( aquí se podía contestar con un contundente :"No busco, no me interesa," o dejar al otro que se adentre en senderos varios para ir llegando al mismo destino, que viene después )
Y cuándo vas a volver?
No sé, cuando tenga dinero y tiempo
Ah, vale.Si quieres, yo te hago de guía cuando vienes.
Ah, muchas gracias, muy amable ( escamada...a ver qué viene ahora)
Si vienes en un grupo, para ti no te cobro nada, y así trabajamos juntos. Si vienes sola, para ti te hago gratis de guía.
Ah, jajajaj, vaya! y esto que és? la oferta de la empresa?
Sí, claro, a las chicas guapas, les hago de guía gratis.
Ah, mira. Pues es que yo ya no soy tan chica, soy una mujer ya de cincuenta, así que no sé si esta oferta me interesa. (Mirando el perfil del interrogador, se ve que es joven , es muy joven...)
Y bien, por no detenerse en detalles que pueden delatar a los protagonistas reales, esta conversación podría acabar de dos maneras, o tres , o cien, en función de la persona, y del momento, o de los matices que va incorporando el interpelador, porque la casuística es variada y las coincidencias y temas de conversación son infinitos. Se empieza a hablar de lugares comunes en los que hemos estado ambos en cada país, continuando por tirar de la red de amistades, y llegar a las coincidencias, especialmente cuando ya se había visitado la localidad, las fechas son cercanas o , simplemente, han revisado las fotos y han podido saber dónde y con quien ha estado una.
De fondo, el deseo de conocer Europa, de conocer mujeres extranjeras, de ambas cosas a la vez, de viajar aunque sea con la imaginación o romper el tedio que supone vivir en un pueblo en el que las oportunidades son limitadas y las posibilidades de emprender un negocio dependen más de una inversión extranjera que de cualquier colaboración local.
Alguien dijo en un artículo de prensa que este es un tema tabú, puede ser. De ahí, la comparación con dos realidades, a ambos lados del Atlántico, con un transfondo común que no es otro que el de soñar despiertos.
De entrada, no descartaba ninguna conversación, era consciente de que había un cierto riesgo, de meterme en caminos no familiares para mí, pero a la vez, esa falta de conocimiento, de hasta dónde se podía llegar, me resultaba atrayente.
El cortejo, pensaba, utiliza la misma fórmula, a través de los años ha cambiado poco, quizás las formas, si bien, los contenidos y los objetivos, resultaban ser idénticos. Se trataba, sencillamente, de conseguir, por parte de ellos, un trofeo, un logro, del que vanagloriarse y con quien podían divertirse sin compromiso....o ...como después pudo ver, un puente para acceder a Europa.
Se podían comparar perfectamente las formas, y su evolución según el paso del tiempo, desde una tarjeta de presentación elaborada con logos simples en colores, en las primeras situaciones, hasta los perfiles trucados, edulcorados y poco realistas de la actual etapa, en la que cada uno trataba de vender lo mejor de sí mismo a pesar de que resulte inverosímil y hasta cómico.
En las tarjetas de presentación podías leer, desde "Director ejecutivo de ventas" (que vendía a ser un comercial) hasta Licenciado en Ingeniería civil con Maestría en obras de caminos, canales y puertos de la Universidad Javeriana de Bogotá, en la Empresa Nacional de obra civil del Departamento de Santander. Era tan enrevesado el título que alguno se había otorgado, que al final de la frase tenías que volver atrás para recordar su nombre de pila si es que realmente te interesaba. Porque, la verdad, después de tanto adorno, una prefería volver a la realidad y quedar a tomar unas cervezas en la taberna del barrio con los vecinos que había empezado a conocer subiendo o bajando las escaleras del edificio de apartamentos en el que vivía desde su reciente llegada a la ciudad. La conversación fluía con más facilidad que después de presentaciones tan forzadas.
Después de tomar aire para saber cómo se llamaba el tipo en cuestión, al acabar de leer la tarjeta, venía la fórmula, que consistía en una serie de preguntas generales para después ir a lo concreto:
Usted de dónde es?, Y cuánto tiempo lleva acá? y ya se amañó? y conoce la ciudad? y ya salió a rumbear? Ah, que no salió? ah, pues encantado, yo le enseño la ciudad y buenos sitios para bailar, y sí, cuando quiera, aquí tiene mi tarjeta y a la orden, salimos a pasear y luego cenamos y vamos a bailar....
Buena fórmula, sí,.... si no hubiese sido tan repetitiva y poco original.
Como poco original resultaba ser lo que sucedía ahora en las redes sociales, en los grupos de viajeros y viajeras mixtos. Seguramente, sabrán de qué les hablo.
Lo cómico de la situación es ya la manera previsible en que todo va a ir sucediendo: un comentario en un grupo de la red, de viajeros y viajeras, ya desencadena automáticamente una lluvia de solicitudes de amistad, de Mohamed, de Said, de Brahim, de Abdel. En este caso, se repetía la fórmula utilizada hace casi treinta años, aunque cambian las formas, y el contenido, difiere sensiblemente:
Hola, qué tal? Como estás?
Hola, bien, gracias.
Me alegro.De dónde eres? o Dónde vives?
En Mallorca.
Conoces Marruecos?
Si, he estado en varias ocasiones.
Y has venido sola o con familia?
Con amigas.
Ah, y estás casada?
No (ya empezamos)
Y, tienes novio?
No , tampoco. ( aquí se podía contestar con un contundente :"No busco, no me interesa," o dejar al otro que se adentre en senderos varios para ir llegando al mismo destino, que viene después )
Y cuándo vas a volver?
No sé, cuando tenga dinero y tiempo
Ah, vale.Si quieres, yo te hago de guía cuando vienes.
Ah, muchas gracias, muy amable ( escamada...a ver qué viene ahora)
Si vienes en un grupo, para ti no te cobro nada, y así trabajamos juntos. Si vienes sola, para ti te hago gratis de guía.
Ah, jajajaj, vaya! y esto que és? la oferta de la empresa?
Sí, claro, a las chicas guapas, les hago de guía gratis.
Ah, mira. Pues es que yo ya no soy tan chica, soy una mujer ya de cincuenta, así que no sé si esta oferta me interesa. (Mirando el perfil del interrogador, se ve que es joven , es muy joven...)
Y bien, por no detenerse en detalles que pueden delatar a los protagonistas reales, esta conversación podría acabar de dos maneras, o tres , o cien, en función de la persona, y del momento, o de los matices que va incorporando el interpelador, porque la casuística es variada y las coincidencias y temas de conversación son infinitos. Se empieza a hablar de lugares comunes en los que hemos estado ambos en cada país, continuando por tirar de la red de amistades, y llegar a las coincidencias, especialmente cuando ya se había visitado la localidad, las fechas son cercanas o , simplemente, han revisado las fotos y han podido saber dónde y con quien ha estado una.
De fondo, el deseo de conocer Europa, de conocer mujeres extranjeras, de ambas cosas a la vez, de viajar aunque sea con la imaginación o romper el tedio que supone vivir en un pueblo en el que las oportunidades son limitadas y las posibilidades de emprender un negocio dependen más de una inversión extranjera que de cualquier colaboración local.
Alguien dijo en un artículo de prensa que este es un tema tabú, puede ser. De ahí, la comparación con dos realidades, a ambos lados del Atlántico, con un transfondo común que no es otro que el de soñar despiertos.
dijous, 18 d’octubre del 2018
Eren tres
Elles, eren tres. Les unien els homes de la família, els homes que en aquell moment, o pot ser fa molt temps no hi eren, o, pot ser, no hi havien sigut mai.
Jamal, el patriarca de la família, havia mort feia uns anys, deixant una dona vidua sense cap fill a vora seu, perquè tots quatre residien a Europa. Només quedaven allà dues de les seves nores, i els nets i netes, vuit en total, a la seva casa de les muntanyes, apartada, molt apartada dels camins que comuniquen Ein Zohra amb Saka o Driouch. Els quatre fills del patriarca havien partit a Europa, per obrir-se camí, per cercar millors horitzons per a les seves famílies. Dos havien aconseguit reagrupar a les seves esposes i fills, un a França, l'altre a Holanda. Les altres esposes, esperaven el moment de partir amb ells, cap a llocs desconeguts per una, per retornar cap al progrés, l'altre.
Khadija, la major de les tres que ara compartien el douar, havia quedat vídua feia uns anys. Jamal qui es casà amb quaranta anys, quan ella en tenia només setze, morí als setanta anys d'una malaltia llarga i dolorosa, després d'anades i vingudes de l'hospital de la ciutat més propera , a tres hores en cotxe.
En Jamal sempre havia estat absent. Visitava a la família els estius, durant les vacances, des d'Alemanya uns anys, Bèlgica i Holanda, altres. A Europa, gràcies a les xarxes de contactes amb familiars o paisans, aconseguia feines precàries i dures: a la construcció, al camp o a les fàbriques d'acer, que li permetien enviar les remeses de diners tan necessàries per na Khadija i per els seus pares. Tots l'esperaven cada estiu impacientment, al mateix douar on ara hi són les tres dones.
Nadia era l'esposa del fill menor, i mare de tres nins i una nina, entre els onze i els quatre anys. Havia nascut a Meknès, ciutat imperial , on havia viscut de nina, a una casa còmode a les arrabals de la medina, una casa amb dues plantes. A la planta d'abaix, a l'alçada del carrer, estava el menjador, la cuina, i al fons , el pati, ple de geranis amb olor a llimona, plantes de menta i un taronger. A la planta de dalt, les habitacions, una per els seus pares, una per les tres germanes, i una per el germà petit, que tenia el privilegi de gaudir de la millor estància de la casa. Nadia havia estudiat, tenia el certificat de l'escola secundària, havia après francés, li agradava molt llegir, i pujar al terrat de la casa quan les feines de la casa li permetien, per estar tranquila i gaudir de la lectura a soles. Quan va acabar els estudis, la van casar amb en Mohamed, el primer fill de Khadija i Jamal. Partí, amb tans sols 17 anys, cap a Ein Zohra, per viure amb el seus sogres, perquè en Mohamed ja vivia a Europa. La seva vida va canviar de cap a peus, i va passar d'una ciutat com Meknès a la muntanya pedregosa i seca de Ein Zohra. A la nova casa no hi havia serveis bàsics: no tenia aigua, no tenia llum , i les estàncies es compartien entre tots, durant tot el dia. Ella tenia una petita estància per dormir, al costat de la que ocupaven els seus sogres , aferrada a les que pertanyien als altres tres fills de la família, ara cunyats de na Nadia.
Karima era de Ben Tayeb, cosina també del seu marit, com na Nadia, però per part de pare, i s'havia criat a les muntanyes del Riff. No havia anat mai a escola, no havia pogut estudiar, era la gran de set germans i germanes, i tot i això, la seva presència enlluernava. Era una bellesa amazigh, era alta i grossa, amb una elegància particular, segura de si mateixa, parlava amb la mirada. Es posava el mocador vermell d'una manera especial que li donava un aire modern, tot i la seva vestimenta tradicional , amb xilaba i sandàlies de goma. Karima havia viscut amb els seus fills a Europa, i allà va aprofitar per aprendre a llegir i escriure, era la seva passió, llegia els llibres dels fills quan estaven a Espanya, però ara, a la seva terra, no podia llegir perquè ningú no li havia ensenyat a llegir i escriure la seva pròpia llengua, el tamazight, la única que ella parlava abans d'emigrar. Tampoc havia après l'àrab, en família es parlava Tamazight, era a l'escola on s'aprenia l`àrab.Tenia tres filles i dos fills, la major, a Europa, havia aconseguit agafar el ritme dels altres companys de classe, tot i les seves dificultats al principi, amb l'idioma del lloc d'acollida. Ara, als onze anys, no podria seguir estudiant, perquè l'institut més proper era a quatre hores de casa seva, a Guerzif, i no tenia cap possibilitat per desplaçar-se. La resta de fills de na Karima anaven a l'escola també, excepte la petita de tres anys, na Kautar, que quedava durant el dia a la casa amb les dones, copiant i imitant tot el que veia fer a la mare i a la tia: preparar el té, donar menjar a les gallines, recollir la casa, anar a cercar aigua del pou , rentar la roba a la pedra, pastar el pà, enfornar-ho al forn enterrat al darrera del douar, dur a pasturar les cabres, preparar el dinar per quan venien els germans de l'escola, i cantar mentres la mare li cantava.
Na Nadia i na Karima assumien tota la responsabilitat del douar, na Khadija ja no feia cap tasca a la casa, dormia la major part del temps, o passejava pels voltants del poblat, anava a visitar a les nebodes que vivien al douar veinat i així dia rera dia, sense cap ocupació concreta, excepte revisar que les tasques de la llar es fessin al seu gust i que les nores no sortissin del territori, de l'harem, de la fortalesa familiar.
Les seves vides eren així, tan monòtones i tan similars a les d'altres moltes dones, que, d'una manera o l'altre, s'havien acostumat a viure soles i a cuidar per si mateixes de la família, sense homes, sense que ningú miràs per elles.
Les seves mirades, profundes , tendres i dures, mostraven una fortalesa difícil d'oblidar. Uns ulls negres, nítids, obscurs i transparents a l'hora, eren la finestra al seu món interior, commovedor i ferme, difícil de soportar per a uns ulls que miren des d'un altre món, des de una concepció de la vida tan còmode com llunyana.
Jamal, el patriarca de la família, havia mort feia uns anys, deixant una dona vidua sense cap fill a vora seu, perquè tots quatre residien a Europa. Només quedaven allà dues de les seves nores, i els nets i netes, vuit en total, a la seva casa de les muntanyes, apartada, molt apartada dels camins que comuniquen Ein Zohra amb Saka o Driouch. Els quatre fills del patriarca havien partit a Europa, per obrir-se camí, per cercar millors horitzons per a les seves famílies. Dos havien aconseguit reagrupar a les seves esposes i fills, un a França, l'altre a Holanda. Les altres esposes, esperaven el moment de partir amb ells, cap a llocs desconeguts per una, per retornar cap al progrés, l'altre.
Khadija, la major de les tres que ara compartien el douar, havia quedat vídua feia uns anys. Jamal qui es casà amb quaranta anys, quan ella en tenia només setze, morí als setanta anys d'una malaltia llarga i dolorosa, després d'anades i vingudes de l'hospital de la ciutat més propera , a tres hores en cotxe.
En Jamal sempre havia estat absent. Visitava a la família els estius, durant les vacances, des d'Alemanya uns anys, Bèlgica i Holanda, altres. A Europa, gràcies a les xarxes de contactes amb familiars o paisans, aconseguia feines precàries i dures: a la construcció, al camp o a les fàbriques d'acer, que li permetien enviar les remeses de diners tan necessàries per na Khadija i per els seus pares. Tots l'esperaven cada estiu impacientment, al mateix douar on ara hi són les tres dones.
Nadia era l'esposa del fill menor, i mare de tres nins i una nina, entre els onze i els quatre anys. Havia nascut a Meknès, ciutat imperial , on havia viscut de nina, a una casa còmode a les arrabals de la medina, una casa amb dues plantes. A la planta d'abaix, a l'alçada del carrer, estava el menjador, la cuina, i al fons , el pati, ple de geranis amb olor a llimona, plantes de menta i un taronger. A la planta de dalt, les habitacions, una per els seus pares, una per les tres germanes, i una per el germà petit, que tenia el privilegi de gaudir de la millor estància de la casa. Nadia havia estudiat, tenia el certificat de l'escola secundària, havia après francés, li agradava molt llegir, i pujar al terrat de la casa quan les feines de la casa li permetien, per estar tranquila i gaudir de la lectura a soles. Quan va acabar els estudis, la van casar amb en Mohamed, el primer fill de Khadija i Jamal. Partí, amb tans sols 17 anys, cap a Ein Zohra, per viure amb el seus sogres, perquè en Mohamed ja vivia a Europa. La seva vida va canviar de cap a peus, i va passar d'una ciutat com Meknès a la muntanya pedregosa i seca de Ein Zohra. A la nova casa no hi havia serveis bàsics: no tenia aigua, no tenia llum , i les estàncies es compartien entre tots, durant tot el dia. Ella tenia una petita estància per dormir, al costat de la que ocupaven els seus sogres , aferrada a les que pertanyien als altres tres fills de la família, ara cunyats de na Nadia.
Karima era de Ben Tayeb, cosina també del seu marit, com na Nadia, però per part de pare, i s'havia criat a les muntanyes del Riff. No havia anat mai a escola, no havia pogut estudiar, era la gran de set germans i germanes, i tot i això, la seva presència enlluernava. Era una bellesa amazigh, era alta i grossa, amb una elegància particular, segura de si mateixa, parlava amb la mirada. Es posava el mocador vermell d'una manera especial que li donava un aire modern, tot i la seva vestimenta tradicional , amb xilaba i sandàlies de goma. Karima havia viscut amb els seus fills a Europa, i allà va aprofitar per aprendre a llegir i escriure, era la seva passió, llegia els llibres dels fills quan estaven a Espanya, però ara, a la seva terra, no podia llegir perquè ningú no li havia ensenyat a llegir i escriure la seva pròpia llengua, el tamazight, la única que ella parlava abans d'emigrar. Tampoc havia après l'àrab, en família es parlava Tamazight, era a l'escola on s'aprenia l`àrab.Tenia tres filles i dos fills, la major, a Europa, havia aconseguit agafar el ritme dels altres companys de classe, tot i les seves dificultats al principi, amb l'idioma del lloc d'acollida. Ara, als onze anys, no podria seguir estudiant, perquè l'institut més proper era a quatre hores de casa seva, a Guerzif, i no tenia cap possibilitat per desplaçar-se. La resta de fills de na Karima anaven a l'escola també, excepte la petita de tres anys, na Kautar, que quedava durant el dia a la casa amb les dones, copiant i imitant tot el que veia fer a la mare i a la tia: preparar el té, donar menjar a les gallines, recollir la casa, anar a cercar aigua del pou , rentar la roba a la pedra, pastar el pà, enfornar-ho al forn enterrat al darrera del douar, dur a pasturar les cabres, preparar el dinar per quan venien els germans de l'escola, i cantar mentres la mare li cantava.
Na Nadia i na Karima assumien tota la responsabilitat del douar, na Khadija ja no feia cap tasca a la casa, dormia la major part del temps, o passejava pels voltants del poblat, anava a visitar a les nebodes que vivien al douar veinat i així dia rera dia, sense cap ocupació concreta, excepte revisar que les tasques de la llar es fessin al seu gust i que les nores no sortissin del territori, de l'harem, de la fortalesa familiar.
Les seves vides eren així, tan monòtones i tan similars a les d'altres moltes dones, que, d'una manera o l'altre, s'havien acostumat a viure soles i a cuidar per si mateixes de la família, sense homes, sense que ningú miràs per elles.
Les seves mirades, profundes , tendres i dures, mostraven una fortalesa difícil d'oblidar. Uns ulls negres, nítids, obscurs i transparents a l'hora, eren la finestra al seu món interior, commovedor i ferme, difícil de soportar per a uns ulls que miren des d'un altre món, des de una concepció de la vida tan còmode com llunyana.
dilluns, 1 d’octubre del 2018
Sense acabar...
I quin deu esser el ritual per crear o donar forma al món de les idees que ha creat dins la imaginació...com poder transmetre en paraules, en música, en dibuixos, tot allò que lluita per sortir al món i esser mostrat...
I em ve la idea que una música triada a l'atzar pot esser el millor fil que pot estirar les paraules cap a fora, per expresar les emocions que tan difícilment es poden mostrar en la seva plenitut, que tant tarden en atravessar totes aquelles capes que cobreixen l'ànima i que no li permeten esser vista nua, indefensa i transparenta .
I tammateix, l'ànima sempre és despullada, quan es troba amb uns ulls tan senzills que veuen l'essència sense por, quan s'atreveixen sense saber que és l'atreviment, quan se s'accepta....
(aquest post no el vaig acabar en el seu dia...no sé com acabaria...posa-li tu el final...)
I em ve la idea que una música triada a l'atzar pot esser el millor fil que pot estirar les paraules cap a fora, per expresar les emocions que tan difícilment es poden mostrar en la seva plenitut, que tant tarden en atravessar totes aquelles capes que cobreixen l'ànima i que no li permeten esser vista nua, indefensa i transparenta .
I tammateix, l'ànima sempre és despullada, quan es troba amb uns ulls tan senzills que veuen l'essència sense por, quan s'atreveixen sense saber que és l'atreviment, quan se s'accepta....
(aquest post no el vaig acabar en el seu dia...no sé com acabaria...posa-li tu el final...)
diumenge, 30 de setembre del 2018
Coleccionando "free-tours"
Subía al autobús para ir al trabajo, cada día, misma hora, misma ruta, misma rutina. Esperar en la parada era ya una parte interesante del día: escuchar las conversaciones tenía su gracia.
En esta ciudad de interior, aunque de clima caribeño, donde la temperatura no bajaba de los 25 grados, podía escucharse un día de lluvia, la expresión: "Hoy hace invierno" , tras una lluvia tropical que dejaba las calles inundadas, llenas de charcos y un bochorno en el ambiente que te empapaba la ropa.
Sin embargo, ésta no era la parte más interesante de la ruta, lo más inquietante era adivinar qué bus, buseta o ejecutivo llegaría antes a la parada, para recoger a las personas que allí hacían cola, religiosamente, sobre la acera, esperando en riguroso orden a que se abrieran las puertas del vehículo que las iba a llevar por La Quinta, desde el Estadio hacia el Parque de la Alcaldía.
Y bien, allí iba ella, todas las mañanas, con su bolso comprado en la Loma de la Cruz, en el mercado artesanal, con su agenda de trabajo y su cámara de fotos, bien escondida, para que no se notara que no era de allí, y que, además de trabajar, aprovechaba los trayectos a los diferentes barrios para fotografiar escenas y lugares de la ciudad.
Pero, sobre todo, lo que trataba era de pasar por una caleña, ya que su aspecto se lo permitía: cabello oscuro y rizado, tez morena, y ropa comprada en la ciudad, para pasar lo más desapercibida posible.
El problema venía cuando, al entrar en el bus, algún hombre le cedía "caballerosamente" el paso , a lo que ella respondía con un "gracias" , con "ce" bien española.... Ahí se desvanecía todo intento de camuflaje, pues su acento la delataba. Incluso, contestando sólo un "Sí", por la entonación, ya se distinguía una procedencia no colombiana.
Al principio, se lo tomaba a broma, después de unas semanas, el tema empezaba a cansarla...era el constante "goteo" de tours que fue acumulando para conocer la ciudad.
Después de contestar a quien le cedía el paso, educadamente con la palabra "gracias", inmediatamente venía el mismo cuento:
_Ah, pero entonces usted no es de acá.
_No, soy de Mallorca. Pero estoy aquí trabajando.
_ Ahhhh, y hace cuánto tiempo que está aquí viviendo? Se la ve bien amañada.
_ Unas semanas. Sí, me voy adaptando.
_ Y.... ya conoce bien la ciudad?
_ Más o menos, voy conociendo porque con mi trabajo tengo que moverme por todos los barrios y comunas.
_Ah...Y dónde trabaja si no es mucho atrevimiento?
La cara de ella debía ser un poema, porque alguno se daba cuenta de que preguntaba demasiado, además, en voz alta, mientras la escuchaba el resto del pasaje, intrigado por saber qué hacía una española entre ellos, en aquélla época en la que no había apenas extranjeros en Colombia, azotada por la guerra de carteles y la mala prensa internacional.
En ocasiones, la conversación no iba a más, porque llegaba el bus a la parada antes de que finalizara el interrogatorio, pero en varias ocasiones, más de diez, la conversación proseguía hasta la parada del Parque de la Alcaldía:
_Y de qué trabaja?
_Soy trabajadora social, en proyectos de juventud.... (así escurría el bulto y no tenía que dar explicaciones sobre la Cooperación Española, en un año cercano al Quinto Centenario, tan polémico y provocador, en un país en el que no querían recordar fechas tan trágicas para América Latina)
_Ah, bien. Qué interesante. ...Y... ya salió a "rumbiar"? Mire que no se puede marchar usted de aquí sin aprender a rumbiar...Conoce ya Juanchito? ...Vea...qué chévere se siente ahí la salsa, ....es obligado que vaya a conocerlo.. Mire, si quiere, yo le puedo llevar, con gusto. Aquí la salsa es obligada, ...le voy a dejar mi tarjeta , con mi número de teléfono y llámeme para que le enseñe la ciudad y la lleve a "rumbiar", oyó?, a la orden, cuando guste...
Ella, casi ya podía anticipar la conversación cada vez que escuchaba la frase: "Ah, pero usted es española". El resto, venía solo. Las preguntas secuenciadas en el mismo orden.
_ Ya conoce la ciudad?
_Está usted aquí sola?
_Ya salió a rumbiar?
_Conoce Juanchito?
.... y después, venía la "venta" del tour a manos del propio guía, que también se vendía a si mismo como el mejor guía conocedor de la ciudad y mejor aún profesor de salsa....
Fue acumulando tarjetas, eran como una curiosidad, un objeto para coleccionar, de todos los diseños y colores, con cargos como jefe de ventas, jefe de planificación, director ejecutivo, cargos que nunca supo si eran reales o ficticios, pues no consumó ninguna de las citas, no era época para probar los "free-tours", tal vez con menos prejuicios y más atrevimiento se hubiese aventurado....
Lo que podría haber pasado, se quedó en fantasía.
En esta ciudad de interior, aunque de clima caribeño, donde la temperatura no bajaba de los 25 grados, podía escucharse un día de lluvia, la expresión: "Hoy hace invierno" , tras una lluvia tropical que dejaba las calles inundadas, llenas de charcos y un bochorno en el ambiente que te empapaba la ropa.
Sin embargo, ésta no era la parte más interesante de la ruta, lo más inquietante era adivinar qué bus, buseta o ejecutivo llegaría antes a la parada, para recoger a las personas que allí hacían cola, religiosamente, sobre la acera, esperando en riguroso orden a que se abrieran las puertas del vehículo que las iba a llevar por La Quinta, desde el Estadio hacia el Parque de la Alcaldía.
Y bien, allí iba ella, todas las mañanas, con su bolso comprado en la Loma de la Cruz, en el mercado artesanal, con su agenda de trabajo y su cámara de fotos, bien escondida, para que no se notara que no era de allí, y que, además de trabajar, aprovechaba los trayectos a los diferentes barrios para fotografiar escenas y lugares de la ciudad.
Pero, sobre todo, lo que trataba era de pasar por una caleña, ya que su aspecto se lo permitía: cabello oscuro y rizado, tez morena, y ropa comprada en la ciudad, para pasar lo más desapercibida posible.
El problema venía cuando, al entrar en el bus, algún hombre le cedía "caballerosamente" el paso , a lo que ella respondía con un "gracias" , con "ce" bien española.... Ahí se desvanecía todo intento de camuflaje, pues su acento la delataba. Incluso, contestando sólo un "Sí", por la entonación, ya se distinguía una procedencia no colombiana.
Al principio, se lo tomaba a broma, después de unas semanas, el tema empezaba a cansarla...era el constante "goteo" de tours que fue acumulando para conocer la ciudad.
Después de contestar a quien le cedía el paso, educadamente con la palabra "gracias", inmediatamente venía el mismo cuento:
_Ah, pero entonces usted no es de acá.
_No, soy de Mallorca. Pero estoy aquí trabajando.
_ Ahhhh, y hace cuánto tiempo que está aquí viviendo? Se la ve bien amañada.
_ Unas semanas. Sí, me voy adaptando.
_ Y.... ya conoce bien la ciudad?
_ Más o menos, voy conociendo porque con mi trabajo tengo que moverme por todos los barrios y comunas.
_Ah...Y dónde trabaja si no es mucho atrevimiento?
La cara de ella debía ser un poema, porque alguno se daba cuenta de que preguntaba demasiado, además, en voz alta, mientras la escuchaba el resto del pasaje, intrigado por saber qué hacía una española entre ellos, en aquélla época en la que no había apenas extranjeros en Colombia, azotada por la guerra de carteles y la mala prensa internacional.
En ocasiones, la conversación no iba a más, porque llegaba el bus a la parada antes de que finalizara el interrogatorio, pero en varias ocasiones, más de diez, la conversación proseguía hasta la parada del Parque de la Alcaldía:
_Y de qué trabaja?
_Soy trabajadora social, en proyectos de juventud.... (así escurría el bulto y no tenía que dar explicaciones sobre la Cooperación Española, en un año cercano al Quinto Centenario, tan polémico y provocador, en un país en el que no querían recordar fechas tan trágicas para América Latina)
_Ah, bien. Qué interesante. ...Y... ya salió a "rumbiar"? Mire que no se puede marchar usted de aquí sin aprender a rumbiar...Conoce ya Juanchito? ...Vea...qué chévere se siente ahí la salsa, ....es obligado que vaya a conocerlo.. Mire, si quiere, yo le puedo llevar, con gusto. Aquí la salsa es obligada, ...le voy a dejar mi tarjeta , con mi número de teléfono y llámeme para que le enseñe la ciudad y la lleve a "rumbiar", oyó?, a la orden, cuando guste...
Ella, casi ya podía anticipar la conversación cada vez que escuchaba la frase: "Ah, pero usted es española". El resto, venía solo. Las preguntas secuenciadas en el mismo orden.
_ Ya conoce la ciudad?
_Está usted aquí sola?
_Ya salió a rumbiar?
_Conoce Juanchito?
.... y después, venía la "venta" del tour a manos del propio guía, que también se vendía a si mismo como el mejor guía conocedor de la ciudad y mejor aún profesor de salsa....
Fue acumulando tarjetas, eran como una curiosidad, un objeto para coleccionar, de todos los diseños y colores, con cargos como jefe de ventas, jefe de planificación, director ejecutivo, cargos que nunca supo si eran reales o ficticios, pues no consumó ninguna de las citas, no era época para probar los "free-tours", tal vez con menos prejuicios y más atrevimiento se hubiese aventurado....
Lo que podría haber pasado, se quedó en fantasía.
dissabte, 15 de setembre del 2018
Mirada.
Una pel·lícula, un viatge, una persona ens ha deixat empenta si sense voler-ho ens ve al cap en moments inesperats.
I tu, amb qui només vaig poder compartir unes hores a casa teva, en aquets quatre anys que han passat des de que ens diguèrem adeu, em vens sovint al cap. Quan te pens, sent enyorança de la teva mirada, de la teva presència, del teus ulls atravessant els meus, de les teves mans agafant les meves, sense que jo pogués entendre les paraules però si el missatge.
Anys després, he tornat a viatjar al pais, on he conegut altres coses, paisatges, ambients, ciutats improssibles, rutes màgiques, nits sota els estels, i , així i tot, m'ha faltat alguna cosa, m'ha faltat la teva mirada de Dona, atravessant-me l'ànima, llegint-me el pensament. L'he cercada en les dones que s'han atravessat en el camí. Però, no m'han mirat, no ho he aconseguit, som una turista més, una figura superficial en tot el circus en que es converteix la vida de ll'estrangera que acudeix en la cerca d'experiències úniques, experiències per contar, imatges per mostrar...
D'aquell instant no tenc cap imatge , només que aquella que va quedar impresa en la meva memòria, que, si no m'engana, ets una dona d'ulls obscurs, de mirada penetrant, amb el cutis curtit per el sol, amb unes marques d'expresió que me transmetien serenitat i fortalesa, amb una força en la mirada que em va fer sentir explorada per dintre, i que va provocar que els ulls m'espironejassin sense poder deixar de mirar-te.... Les teves mans, fortes, femenines, amables, tendres, estrenyien fort les meves, mentres amb el teus dits polzes acariciaves suaument les meves, sense amollar-me , m'estiraves cap a tu, i em deies, amb la mirada fixe en la meva : "no passis pena per nosaltres, estam bé, ...ves tranquila. "
Jo partia en cotxe cap a altres indrets del pais, allò havia sigut una visita, que, sense voler-ho , seria el moment més emotiu, el més recurrent en el relat del viatge. Un moment que m'havia fet veure la meva feblesa, la feblesa d'una dona que ho té tot, excepte la fortalesa de la que no té res i es té a si mateixa...
Te cerc en les mirades de les dones, és a tu a la que cerc, paga la pena tornar a fer el camí per carregar-me de la teva mirada, si tu em mires.... Un altre dia explicaré la teva història.
diumenge, 1 de juliol del 2018
Olor a estiu:
La frescor del matí, al pati de la casa, me convida a tocar la terra, gaudir dels colors de l'estiu, dorats, vius, il·luminats d'una llum intensa que a poc a poc va invadint tots els racons del jardí...
I, poc a poc, es desperta el poble, la campana acaba de tocar les 9 del matí, quan es comencen a sentir les primeres veus dels infants alrededor, ociosos, alegres, amb la felicitat de les vacances d'estiu, quan tot està per fer, tot està per començar i queden setmanes sense plans per endavant.
Poc a poc, la vida s'intensifica alrededor, els infants boten dins de la piscina, amb la seva alegria cridanera, mentre els animalets de la casa cerquen l'ombra per atravessar les hores del migdia, quan de sobte, tot es torna a aturar, el sol implacable encalenteix l'ambient i els cossos sufocats cerquen la frescor de la casa.
I , horabaixa, torna la vida al poble, tornen els crids i renou dels més petits a les piscines, i surt a la "jovenella" que cerca als seus iguals per preparar-se per sortir amb la frescor de la nit a les festes dels voltants fins a la matinada.
L'estiu és un conjunt de sensacions que inevitablement me duen a aquells anys en que quan acabava l'escola, una sensació de llibertat invadia qualsevol activitat, quan la lectura es convertia en la millor companya de migdia, quan la piscina i la platja significaven gaudir del cos per obtenir el plaer de l'aigua rodejant-me , quan acudir a les verbenes era un ritual per anar descobrint el món alrededor ....
L'olor de l'estiu és indefinit, és olor a cereals i palla, a terra seca, a fonoll, a mar, a sal, ...
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